lunes, 6 de agosto de 2012

La mujer de Barcelona en el siglo XV

Mujeres tocando música
Las mujeres del medievo so ocupaban de aquellas tareas relacionadas con la organización del hogar, al igual que pasara hasta no hace mucho tiempo justo cuando llegó el movimiento que consiguió la emancipación de la mujer y, definitivamente, se reconocieron sus derechos.
Sin embargo, en una sociedad medieval, que era muy conservadora en la que la iglesia jugaba un papel fundamental en la vida diaria de las mujeres, éstas gozaban de pocas libertades y sí muchas obligaciones. Cabe recordar que nos hallamos en una época con elevadas tasas de mortalidad, principalmente entre la población infantil, así que la función de la mujer resultó ser fundamental en una época en la que los hombres o luchaban en las guerras o desarrollaban oficios en las ciudades.

Así pues, la función de la mujer en el siglo XV se centró en el hogar, en su organización, en cuidar de los hijos y alimentarlos y administrar el presupuesto familiar. Hay que diferenciar si se trataba de mujeres que pertenecían a familias pobres o trabajadoras o a aquellas clases pudientes que gracias a los recursos disponibles, éstas contaban con la ayuda de sirvientes, por lo que se liberaban de esas labores.

Durante la Edad Media era habitual que las madres amantaran a sus pequeños hasta los dos o tres años. Entre las familias ricas era costumbre encomendar esta tarea a una nodriza. Una vez habían crecido, comenzaban su aprendizaje, generalmente, influenciado por el progenitor. En el caso de ser niñas, se las enviaba a servir a alguna casa, pero si por el contrario, pertenecían a las familias ricas permanecían junto a sus madres aprendiendo a coser, hilar, bordar y tejer. Si tenían suerte, el instructor de sus hermanos varones les daría clases, por lo que se introducirían en el mundo de la literatura. Tolstoi, aunque en tiempos posteriores, pero de la antigua Rusia, describe perfectamente la vida de las mujeres en la alta sociedad de Sant Pertersburgo, un buen ejemplo es una de sus obras maestras, Ana Karenina. Puntualicemos que la Rusia del XVIII y el XIX, de hecho, hasta bien entrado el siglo XX, era un país feudal y al modo de la Europa del Este en la que el abuso sobre la población pobre o sirviente era constante y más terrible que en la Europa Occidental.

Las madres de estas mujeres las enseñaban a arreglarse, a saber estar y a bailar y como uno puede imaginar no faltaron voces desde la iglesia predicando contra estas actitudes tan frívolas.

En una sociedad gremial como lo era la de la Barcelona del siglo XV, las mujeres no tenían muchas responsabilidades públicas, casi todo el protagonismo se lo reservaban los hombres, pero lo cierto es que en la ciudad condal, sí que tuvieron alguna presencia. Lógicamente, fueron los relacionados con la industria textil en donde ellas destacaron. Se trataba de uno de los sectores productivos más importantes en la Barcelona de la Edad Media y acostumbraban a realizar trabajos auxiliares, aunque existía la posibilidad de que ejercieran algún oficio. En contadas ocasiones eran propietarias del taller. Cuando sucedía, normalmente era porque habían enviudado y deseaban continuar con la actividad del taller.




Ha quedado demostrada la presencia de mujeres en la Barcelona de los gremios, pero al tratarse de pocos casos, digamos que no era una actividad frecuente entre las mujeres de aquel tiempo, su actividad estaba poco regulada. Existen contratos de aprendizaje entre mujeres en los archivos, pero al contrario de lo que sucedía con los hombres, para ellas no existía la prueba de maestría, por lo que nunca serían consideradas Maestras. Su fuerza se situó en la industria textil, porque sí que tenemos constancia de que algunas mujeres poseyeron sus talleres en este sector. Se trató de hiladoras, bordadoras y sombrereras. La industria del coral fue otra en la que las mujeres encontraron un sitio.

Otros trabajos que realizaron las mujeres del medievo en Barcelona fueron poco remunerados, por ejemplo, peinadora, lavandera o vendedora de pan, pero la mayor parte de las mujeres de esta sociedad se dedicaron al trabajo doméstico en otros hogares. Generalmente, entraban a trabajar en la casa como criadas siendo muy jóvenes y, una vez cumplían los dieciocho años, se les entregaba una cantidad que representaba el sueldo ganado durante ese tiempo. A partir de entonces, pasaban a convivir con las esclavas de la casa, que por increíble que parezca, podían ser mejor tratadas, porque habían costado dinero. En otras ocasiones, algunas de las sirvientas ejercían de damas de compañía, mientras que otras se veían obligadas a hacer los trabajos más penosos de la casa.

En líneas generales, sabemos poco del pensamiento de la mujer en el medievo, poco hay escrito de ellas a excepción de lo que hizo el clero o algunos hombres, pero algunas alcanzaron una importante relevancia y protagonismo gracias a su lucha y a su fe


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